PROFECIA I

Nuestro Dios es absolutamente maravilloso en todos sus planes, hechos y propósitos. Dios pudiera haber escogido hacer todo sin tomarnos en cuenta. El quiere usarnos en su gran plan de levantar la cosecha de estos últimos tiempos. 

Los dones del Espíritu son la herramienta que él pone en nuestras manos para desarrollar el trabajo al que nos comisiona. Todos sus hijos tenemos un propósito especial, somos parte de su gran equipo de colaborados, tenemos un asignamiento que cumplir y para esto necesitamos habilidades y herramientas. El pintor usa una brocha, el cirujano un bisturí, el carpintero un serrucho, el cristiano necesita los dones espirituales como su herramienta principal.

Estos dones no son para un tipo de persona o para un grupo en especial, sino para todos los hijos de Dios. Cada uno de nosotros tiene la posibilidad de contar con la oportunidad de fluir en los dones de una manera total y dar frutos de calidad para la gloria de nuestro Dios. 

En especial el don de profecía es una herramienta sumamente poderosa para lograr resultados sorprendentes en el reino, debemos anhelarlo y buscarlo con esfuerzo para ser parte del ejército profético que Dios está levantando en este tiempo. Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia (1Corintios 14.12). Es la habilidad espiritual que Dios da a los miembros del cuerpo de Cristo para recibir y comunicar un mensaje inmediato de Dios a sus hijos. Esto puede ser de una manera personal o grupal, tanto en individuos como para una comunidad completa, una ciudad o país. ¡Profetizar es el arte de escuchar a Dios y comunicar SU mensaje!

El don de profecía es una expresión vocal sobrenatural, espontanea en una lengua conocida que edifica, exhorta y consuela al cuerpo de Cristo. La palabra griega para profecía es “propheteia” que significa hablar la mente y el consejo de Dios. No es lo mismo que el oficio de profeta según Efesios 4.11, el don es para todos los creyentes, y una persona que en algún momento dado fluye con el don de profecía, no significa que sea profeta de oficio. Para el don de profecía, lo fundamental es la fe. Es por esto que el apóstol Pablo nos motiva a profetizar: Seguid el amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis (1Corintios 14.1).

El don de profecía no es solo para profetas reconocidos, más bien esta distribuido en la Iglesia para el cumplimiento de la palabra declarada para nuestros tiempos. Somos responsables como hijos de Dios de activarnos en los dones del Espíritu ya que es el equipamiento y las herramientas espirituales para cumplir nuestra comisión en el reino de Dios. El don de profecía es la palabra que sale desde el trono de Dios a la tierra. Como todos los demás dones, el fruto del don de profecía debe de ser evaluado. El apóstol Juan escribió: Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo (1Juan 4.1). Cuando dice no creáis a todo espíritu, incluye el de todos los hijos de Dios. Somos muy dados a pesar a los demás pero no a nosotros mismos. 

Podríamos decir que de los dones de inspiración, el don de profecía tiene un valor más alto. Seguid el amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis. Así que, quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas, pero más que profetizaseis; porque mayor es el que profetiza que el que habla en lenguas, a no ser que las interprete para que la iglesia reciba edificación. (1Corintios 14.1, 5). El don es considerado como vital en la expresión del reino de Dios. Tanto que el apóstol declara: ¡Porque mayor es el que profetiza! 

¿Por qué la profecía se considera de un alto valor? Porque el que profetiza esta hablando por Dios. Esta fue la promesa que declaro Joel: Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones (Joel 2.28). Profetizar es hablar de parte de Dios ó por Dios. Entonces el pasaje toma un curso muy poderoso: ¡Nuestros hijos y nuestras hijas hablaran POR Dios!

Pero el que profetiza habla a los hombres (1Corintios 14.3). La pregunta es: ¿Qué les dice a los hombres? ¿Qué proclama? ¡Es la voz de Dios misma por medio de la boca de un ser humano! La predicación y la enseñanza ordinarias pueden ser como comida fría en una olla sin fuego. La profecía, entonces, es el fuego debajo de la olla. Porque podéis profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados (1Corintios 14.31). ¡Que bendición tan grande para ti y para mí! En primer lugar todos podemos profetizar. En segundo lugar es con el fin de que aprendamos o seamos edificados por la voz de Dios, en tercer lugar para alinearnos a su corazón (exhortar).

El profetizar se realiza bajo la habilidad y el poder divino. Los creyentes podrán poseer la habilidad de hablar en público, o de predicar elocuentes sermones, pero nadie profetiza verdaderamente si no es lleno del Espíritu Santo. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén (1Pedro 4.11). Cuando profetizamos: ¡Hablamos lo que escuchamos del cielo! ¡Conforme al poder que Dios nos otorga!

Los hombres impíos también predicen el futuro en ocasiones. A éstos se les llama adivinos o agoreros. Pablo se encontró en una ocasión con uno de ellos. Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación (Hechos 16.16). Dios se opone a esta forma de predicción del futuro. Es satánica. Como creyentes, debemos evitarla. No sea hallado en ti… quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego… ni adivino… ni quien consulte a los muertos. 
Porque es abominación para con Jehová (Deuteronomio 18:10-12). 
Satanás siempre ha sido destructor. Ha tratado de destruir la fe. También trata de destruir a los creyentes. Asimismo al cuerpo de Cristo. Cada vez que inspira la predicción del futuro lo hace para destrucción. Es aquí donde el pueblo de Dios debe discernir entre lo falso y lo verdadero. 

Una Iglesia llena del Espíritu Santo es imposible que sea engañada. ¡Para poder discernir lo falso debemos conocer perfectamente bien lo verdadero! Sino conocemos lo verdadero puede venir una persona con espíritu de pitón, aunque tenga el título de cristiano, y hablar palabras que parecen correctas pero no proceden de Dios.

La muchacha tenía un espíritu de adivinación, ella hablaba una verdad: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación (Hechos 16.17). Ella habló algo que era cierto, pero Pablo discernió que esa voz no era la de Dios. ¿Por qué? La escritura dice que los seguía dando voces. ¿Qué había en aquella escena? La exaltación del ser humano, la voz del diablo estaba tratando de traer orgullo, elevación del alma, sacar de la humildad a los hombres de Dios. ¡Porque la voz del diablo es para destruir!

En la enseñanza bíblica hay una línea demarcada entre quienes tienen el don y quienes tienen el ministerio de profeta. Aunque todos pueden profetizar por la virtud de la unción del Espíritu Santo no todos son profetas. Aunque todos pueden manifestar el don de profecía solo algunos son escogidos para el ministerio de profeta (1Corintios 12.7; 28-29 14.29-33; Hechos 21.8-11).

¡Agabo era profeta, las hijas de Felipe tenían el don de profecía!
Traducido simplemente, el término profecía significa "articular palabras inspiradas", o podemos decir “hablar por Dios”. Según 1Corintios 14.31, todos los creyentes pueden ejercer este don en algún momento dado como el Espíritu lo desee. Todos pueden profetizar uno por uno, y no más de tres de ello a fin de poder entender cada palabra que sale del corazón de Dios (1Corintios 14.29-33).

Como podemos observar, el don de profecía esta en vigencia y lo necesitamos para desarrollar los planes de Dios en todo lo que hacemos.

Seguiremos con PROFECIA II

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