¿PUEDE UN CRISTIANO SER POSEÍDO?

La respuesta es que… ¡Tiene que ser poseído!

Esta pregunta normalmente causa discusiones y puntos de vistas extremos entre los creyentes. La palabra poseído esta asociada con pertenencia. De esta manera, toda persona que recibe a Cristo en su corazón como salvador personal, le pertenece a Dios, es poseído por Dios.

Todo aquel que practica el pecado, le pertenece al diablo. Según Juan 1.12, hay quienes llegar a ser hechos hijos de Dios. Es decir, creyentes y no creyentes son poseídos, unos por el diablo, otros por Cristo.

¿Puede un creyente ser influenciado, perturbado, atormentado o estar bajo el control del diablo? ¡Definitivamente SI, porque el mundo entero esta bajo (control ó influencia) del maligno! Esto quiere decir que cuando un creyente se “desliza”, le estará dando autoridad al enemigo para mantener un control sobre su vida.

Lo podemos ejemplificar como un títere, el cual mediante cuerdas atadas a las manos, pies, cuerpo, se puede mantener un control para “dirigirlo”. Es por esta razón que cada creyente es responsable de guardar con temor y temblor su vida espiritual que hemos recibido de parte de Dios de una manera gratuita. ¿Cómo un cristiano puede deslizarse? Son tres escalones en la caída de un creyente en las manos del diablo.

Primeramente las pequeñeces o las pequeñas ligerezas. La escritura habla de estas pequeñeces como liviandades o una manera ligera de vivir. ¿Es cosa liviana para la casa de Judá hacer las abominaciones que hacen aquí? (Ezequiel 8.17b). Estas son pequeñas cosas que el creyente hace. Por ejemplo, pequeñas mentiras, falsear o pervertir las palabras o conversaciones, palabras de doble sentido, roces verbales con otras personas, heridas que no desean que Dios las sane. Porque le fue ligera cosa andar en los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, y tomó por mujer a Jezabel, hija de Et-baal rey de los sidonios, y fue y sirvió a Baal, y lo adoró (1Rey 16.31).

Porque le fue ligera cosa andar en los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, y tomó por mujer a Jezabel, hija de Et-baal rey de los sidonios, y fue y sirvió a Baal, y lo adoró. Así juzgó Dios los hechos del rey Acab, ¡ligeros!

En segundo lugar, la dureza. La dureza viene cuando el creyente no solo es ligero en el caminar con Cristo, sino que lo hace de una manera continúa.

La dureza se manifiesta cuando el creyente deja de escuchar la voz de Dios. En ese momento pone todo tipo de objeciones para obedecer las instrucciones y los consejos de Dios. Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír; y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros (Zacarías 7.11-12).

El corazón se endurece hasta ser como un diamante, es decir, es tan duro que nada le puede penetrar. Pero mi pueblo no oyó mi voz, e Israel no me quiso a mí. Los dejé, por tanto, a la dureza de su corazón; Caminaron en sus propios consejos (Salmos 81.11-12).

La dureza separa al creyente de los caminos de Dios, no puede caminar en los consejos de Dios, porque el corazón endurecido no escucha la voz de Su consejo, y sigue en sus propios pensamientos e ideas, que finalmente le siguen separando de Dios. Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos (Isaías 58.8-9).

En tercer lugar, la maldad. Cuando el corazón se endurece, es presa fácil de la maldad. Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad (1Corintios 5.8). La vieja levadura produce maldad en el corazón del hombre. Dios nos exige que tengamos una levadura de sinceridad y de verdad, lo que llevará al cristiano a mostrar las obras de Cristo.

Pablo continúa hablando de la maldad en los siguientes versículos, diciendo: Os he escrito por carta, que no os juntéis con los fornicarios; no absolutamente con los fornicarios de este mundo, o con los avaros, o con los ladrones, o con los idólatras; pues en tal caso os sería necesario salir del mundo. Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis. Porque ¿qué razón tendría yo para juzgar a los que están fuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro? Porque a los que están fuera, Dios juzgará. Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros (1Corintios 5.9-13).

Démonos cuenta que la maldad llevará a un mundo de perversidades, por lo cual, el apóstol Pablo recomienda que no se junten con este tipo de personas, e inclusive que lo saquen de la congregación. Teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza (Efesios 4.18-19).

En el versículo anterior (ver. 18), Pablo habla de personas con dureza, quienes perdieron la sensibilidad espiritual, y posteriormente se entregaron a cometer toda clase de impurezas y perversiones.

La reprensión del apóstol no se deja esperar y los invita a retomar un camino de pureza y santidad. Este tipo de personas son obstáculo para el crecimiento de otras personas que en verdad desean tener una experiencia con Dios, pero debido a sus perversiones son tropiezos para otras personas que desean acercarse a Jesús y hacer la obra de Dios. Al respecto, Cristo amonesta diciendo: Dijo Jesús a sus discípulos: Imposible es que no vengan tropiezos; más ¡ay de aquel por quien vienen! Mejor le fuera que se le atase al cuello una piedra de molino y se le arrojase al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos (Lucas 17.1-2).

El llanto de Pablo en Fil 3.18, se refiere a personas que eran enemigos de la cruz de Cristo y que eran solo obstáculos para otras personas que en verdad deseaban un encuentro personal con el Señor. Un ejemplo muy palpable es del rey David: Mas por cuanto con este asunto hiciste blasfemar a los enemigos de Jehová, el hijo que te ha nacido ciertamente morirá (2Samuel 12.14). Hay personas que hacen blasfemar el nombre de Dios por la conducta que llevan, dando muestras de una vida llena de perversión que jamás se podrían asemejar a la vida de Cristo.

Continuará la segunda parte!!!

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